Adaptabilidad empresarial en la era de la Inteligencia Artificial

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🕐 Tiempo de lectura: 6 minutos

En la gestión de proyectos y en el mundo empresarial en general se viene hablando en los últimos años de los entornos VUCA: volátiles, inciertos, complejos y ambiguos (por sus siglas en inglés). Y es que si bien esta sigla describe a la perfección lo que se vive en casi cualquier industria en la actualidad, también nos invita a hablar de la adaptabilidad empresarial, un recurso de estabilidad y crecimiento para las organizaciones.

La premisa es clara: contar con la “última tecnología” no es suficiente. Las empresas más exitosas reconfiguran su cultura, procesos y estructuras para responder con velocidad a los cambios del mercado y las expectativas de los clientes.

Una prueba de lo anterior es un estudio reciente de McKinsey. Allí, afirman que más del 75% de las empresas ya utilizan inteligencia artificial al menos una de sus funciones de negocio. Además, el 21% de estas empresas han rediseñado de forma fundamental sus flujos de trabajo gracias a la IA.

En esta entrada de blog exploraremos qué significa realmente la adaptabilidad empresarial a día de hoy, cuál es el rol de la inteligencia artificial en estos procesos y cómo medir si las empresas están dando los pasos correctos.

¿Qué entendemos por adaptabilidad empresarial?

Desde lo académico, la adaptabilidad empresarial es un rasgo que se enmarca dentro de la teoría de las capacidades dinámicas. Esta teoría sugiere que, una organización adaptable es aquella que posee “la capacidad de integrar, construir y reconfigurar competencias internas y externas para hacer frente a entornos que cambian rápidamente”.

En la práctica empresarial, la adaptabilidad se compone de tres acciones principales:

Manos uniendo engranajes de colores sobre documentos y gráficos

1. Detección de señales y lectura del entorno

Consiste en mantener vías de comunicación constantes con los públicos objetivos: clientes externos e internos, aliados, proveedores y el mercado en general.

Una buena práctica de lectura del entorno es realizar encuestas y analizar la retroalimentación por parte de los públicos en redes sociales y otros canales. De esta manera, se anticipan necesidades emergentes y se tiene mayor claridad de cara a diseñar planes de acción.

2. Rediseñar procesos y roles

Cuando surge una necesidad (o una nueva oportunidad de negocio), las empresas adaptables modifican rápidamente sus procedimientos y responsabilidades. ¿Cómo lo hacen? La clave está en contar con equipos multidisciplinarios y protocolos claros de seguimiento para cada rol.

Al reasignar funciones y contar con profesionales que desde su rol de adapten a nuevas tareas, se evitan largos ciclos de aprobación y los nuevos procesos se aplican con mayor fluidez.

3. Distribución de los recursos

En pocas palabras, lo que hace una empresa adaptable es su capacidad para mover talento, presupuesto y tecnología hacia lo que el entorno apunta. Por ejemplo, si el análisis de datos revela un nuevo nicho de mercado, los líderes pueden decidir reasignar parte de los recursos y del equipo hacia estas iniciativas.

No obstante, la adaptabilidad empresarial va mucho más allá de estos tres pilares o de encasillarse dentro de las capacidades dinámicas.

Las empresas adaptables también deben aprovechar herramientas emergentes, como la Inteligencia Artificial, para aumentar la eficiencia en aspectos como la lectura del entorno, automatizar procesos que faciliten las modificaciones a los procesos y roles, y a su vez, optimicen los recursos empresariales.

El rol de la IA en la adaptabilidad empresarial

En un pasado, veíamos a las empresas adaptables como aquellas que sobrevivían y solventaban las crisis que atravesaban. Sin embargo, hoy en día, esta capacidad pasa de ser una respuesta táctica a situaciones puntuales, a ser un “no negociable” para las empresas.

¿Por qué? El mercado así lo requiere, y la inteligencia artificial es solo un ejemplo de ello. Lo que hoy funciona y consideramos “eficiente”, mañana pasa a ser un proceso anticuado que resulta costoso. Las reglas de juego cambian constantemente, y los avances tecnológicos (como la IA) le exigen a las empresas una nueva mentalidad organizacional basada en:

Aprendizaje continuo

La velocidad con la que surgen nuevas maneras de ejecutar los procesos, de llevar los modelos de negocio, o hasta de automatizar y optimizar los mismos marcan un ritmo que invita a las empresas a reaprender constantemente.

Un artículo publicado por la consultora Gartner, refleja que 7 de cada 10 líderes tecnológicos considera que el principal obstáculo para escalar iniciativas de IA es la falta de habilidades adecuadas en el personal.

Esto se puede reafirmar al retomar el estudio de McKinsey, donde de ese más del 75% de empresas que ya utilizan la IA en al menos uno de sus procesos, vemos que solo el 24% ha escalado esas iniciativas a múltiples procesos.

¿Qué nos dicen estos datos? Nos hablan de una necesidad latente de implementar programas de formación y capacitación continua, centrados en herramientas de IA y en cómo cada rol dentro de la empresa puede beneficiarse de ellas para mejorar sus operaciones.

Flexibilidad operativa

Esta flexibilidad implica o nos habla de diseñar los procesos en las empresas de manera que puedan ajustarse sobre la marcha en función de los desafíos y oportunidades que surjan.

En otras palabras, es la capacidad de las empresas para reconfigurar su oferta y sus procesos apoyándose en información de la inteligencia artificial. Este eje toma como punto de partida que la IA hace mucho más por las empresas que automatizar tareas, sino que al alimentarse de grandes volúmenes de información, permite detectar patrones emergentes y activar ajustes operativos de forma casi instantánea.

Así, la flexibilidad operativa fomentada por la IA implica no solo acelerar la toma de decisiones, sino dotar a la organización de información y de mecanismos para ajustar procesos, reasignar recursos y rediseñar ofertas con agilidad.

Cultura de cambio

Para que la adaptabilidad no quede en palabras, las organizaciones deben construir una cultura de cambio que convierta la experimentación y el aprendizaje compartido en un hábito, en una constante.

De acuerdo con un artículo publicado en MDPI, integrar procesos de gestión del cambio en un contexto de transformación digital implica la participación activa de cada integrante. Así, se alcanza la transparencia en los procesos y el aprendizaje colectivo.

Cuando hablamos de transparencia, nos referimos a compartir resultados, métricas de desempeño y lecciones aprendidas a partir del uso de la tecnología (en este caso, la IA). De esta forma, los equipos aprenden, desarrollan confianza en las soluciones tecnológicas y observan cómo estas ofrecen soluciones reales y facilitan el cambio orientado a la innovación.

Ejecutivo revisando datos digitales producto de adaptabilidad empresarial en tecnología

Algunos casos de adaptabilidad empresarial

La historia empresarial nos ofrece varios ejemplos que ilustran de manera contundente la diferencia entre adaptarse y quedarse atrás. Blockbuster, líder del modelo de negocio de alquiler de películas en los 90, llegó a facturar más de 6.000$ dólares al año en 2004. Sin embargo, desestimó la oportunidad del streaming y rechazó la oferta de comprar Netflix en el 2000.

¿Qué ocurrió luego? Al no reconocer el cambio en los hábitos de consumo y aferrarse a su modelo de tiendas físicas, la compañía se declaró en bancarrota en 2010.

De manera similar, Kodak (empresa líder en fotografía durante casi todo el siglo XX) patentó en 1975 la tecnología de fotografía digital, pero no avanzó con su desarrollo para proteger el negocio de rollos de película. Esta decisión llevó a que, a pesar de contar con la innovación en sus manos, no la aprovechara y culminara en una bancarrota para 2012.

Ejemplos de adaptabilidad empresarial

En contraste a estos casos está Netflix, que reinventó su modelo pasando de DVD por correo al streaming global. Incluso, a día de hoy, implementa la inteligencia artificial a través de modelos predictivos de Machine Learning que ofrecen recomendaciones personalizadas y mantienen el engagement de sus usuarios.

En este mismo orden de ideas encontramos a Amazon, que ha invertido en innovaciones tecnológicas desde hace más de 25 años para optimizar operaciones logísticas. A día de hoy, la IA es uno de los protagonistas en sus operaciones: Robots en almacenes, predicción de demanda y rutas de entrega basadas en modelos predictivos han permitido reducir costos y tiempos de entrega, convirtiendo su cadena de suministro en un referente mundial.

Estos ejemplos demuestran que la capacidad de adaptación (más que la tecnología en sí misma) marca la diferencia. Blockbuster y Kodak quedaron rezagados al no transformar sus modelos de negocio; en cambio, Netflix y Amazon pusieron en práctica mecanismos de aprendizaje y ajuste continuos que les permitieron reinventarse y prosperar.

Líder señalando un panel mientras su equipo colabora en una mesa de trabajo

Las organizaciones que se adaptan son aquellas que aprenden y evolucionan

Cuando líderes, colaboradores y empresas de manera integral comprenden que vivimos y trabajamos en un entorno en constante cambio y evolución, la adaptabilidad empresarial cobra protagonismo.

Aprender del rol de la IA en este contexto y de los ejemplos mencionados, nos enseña que la clave no está únicamente en la tecnología, sino en la capacidad de repensar continuamente procesos, roles y propuestas de valor.

Trabajar en pro de una cultura de experimentación, destinar recursos a la formación y diseñar flujos de trabajo que permitan ajustes rápidos son prácticas que están al alcance de cualquier organización. Ahora bien, la inteligencia artificial no es la panacea ante las demandas del entorno, es más un multiplicador de estas prácticas: potencia la automatización, facilita la predicción y personaliza la experiencia, pero dependerá siempre de las personas darles el mejor uso.

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