Para hablar sobre el impacto que la inteligencia artificial está teniendo en la música podemos tomar como punto de partida un hecho reciente que ha dado (si sigue dando) mucho de qué hablar. Se trata de The Velvet Sundown, una “banda” que apareció en Spotify en febrero de 2025.
Con el pasar de los meses, no solo fue ganando más y más oyentes, sino que empezó a levantar ciertas sospechas que terminaron por confirmarse a finales de junio: se trataba de una banda completamente generada por inteligencia artificial: No había músicos detrás. No había compositores escribiendo letras. Solo algoritmos entrenados con millones de canciones existentes, produciendo material que sonaba inquietantemente profesional.
La reacción fue inmediata y polarizada, pues el tema no tardó en hacerse viral. Algunos lo celebraron viéndolo como un caso de democratización de la creación musical. Otros lo vieron como el inicio del fin para los músicos profesionales. A partir de allí, nació un debate intenso con posturas que parecen irreconciliables.
La inteligencia artificial en la música es vista de diversas maneras, pero sobre todo destaca como un fenómeno que está reorganizando la industria en sí. Su presencia invita a replantear varias etapas, desde los procesos creativos y de composición, hasta temas legales como los derechos de autor.
A diferencia de otras revoluciones tecnológicas en la música, esta genera una pregunta incómoda: ¿puede algo creado sin experiencia humana, sin emoción vivida, llamarse realmente música? No hay consenso. Y quizás esa sea la única certeza que tenemos en este momento: que ambas posturas tienen argumentos que merecen un análisis serio. Esa es la razón de ser de esta entrada.

¿Qué puede hacer la inteligencia artificial en la música?
Para entender el debate, primero debemos dimensionar de qué estamos hablando. Un artículo del MIT Technology Review explica cómo la IA ha pasado de generar melodías simples, a crear canciones completas con voz, instrumentación e incluso producción de nivel profesional.
Los modelos actuales pueden componer en cualquier género, imitar estilos de artistas específicos, y producir pistas que pasan pruebas de audición contra música creada por humanos. La realidad es que las capacidades técnicas de la IA son sorprendentes y cada día evolucionan más. Los sistemas pueden masterizar audio, generar arreglos orquestales complejos, clonar voces con precisión inquietante y hasta “colaborar” con productores humanos sugiriendo progresiones de acordes o líneas melódicas.
Una investigación reciente publicada en Nature documenta que los sistemas de inteligencia artificial pueden generar música que las personas califican como “tan emocionalmente resonante como la música hecha por humanos”.
Pero las limitaciones también existen. En un articulo (también reciente) Forbes reporta que estas herramientas de inteligencia artificial todavía luchan con la originalidad genuina. Allí afirman que la IA tiende a reproducir patrones en lugar de crear desde cero. Además, no entienden contexto cultural, no tienen intención artística y no pueden explicar sus decisiones creativas.
The Velvet Sundown ejemplifica este momento. La banda genera canciones técnicamente competentes, pero sobre el significado de sus letras o la intención detrás de sus elecciones musicales, solo hay silencio. Porque no hay nadie detrás que pueda responder esas preguntas.

Quienes están a favor: la IA como una herramienta creativa
La postura favorable frente al papel que juega la inteligencia artificial en la música va más allá del entusiasmo tecnológico. Hay argumentos de peso que merecen ser considerados y estos son algunos de ellos.
El primero es la democratización musical. Históricamente, la producción musical profesional requería acceso a estudios costosos, equipos especializados y años de entrenamiento técnico. La inteligencia artificial reduce considerablemente esas barreras de entrada. Esto se evidencia en este artículo de Forbes, donde ofrecen ejemplos y exponen el abanico de posibilidades de producción musical que, de otra manera, serían inalcanzables para muchas personas por cuestiones técnicas y económicas.
El músico sueco Björn Ulvaeus, de ABBA, tomó postura de este debate. En más de una ocasión ha afirmado estar explorando cómo la inteligencia artificial puede extender la creatividad humana en la música. Su perspectiva es que la IA es una herramienta, como lo fueron en su momento los sintetizadores o el sampleo digital (tecnologías que inicialmente generaron controversia, pero que luego fueron aceptadas).
Por otra parte, estudios de Stability AI sugieren que la IA está creando potencialmente nuevos géneros musicales, permitiendo experimentación sonora que sería técnicamente imposible o excesivamente costosa con métodos tradicionales.
Para productores independientes, la IA ofrece capacidades que antes solo tenían estudios con presupuestos millonarios. Pueden generar secciones de cuerdas orquestales sin contratar músicos, experimentar con arreglos complejos sin depender de colaboradores, y masterizar sus pistas con calidad competitiva.
El argumento es pragmático: la tecnología existe, está mejorando rápidamente, y resistirse es tan útil como lo fue oponerse a la fotografía digital o al streaming. Quienes se inclinan por esta postura sugieren que es mejor aprenderla, dominarla y usarla como una herramienta creativa más.

Quienes están en contra: la IA como una amenaza a la creatividad y a la industria
La oposición a la inteligencia artificial en la industria musical se fundamenta en temas como la economía, la ética y la naturaleza de la creatividad. Varios artículos señalan que el problema central es el entrenamiento. Los sistemas de IA se entrenan con millones de canciones existentes, creadas por músicos reales que nunca consintieron este uso ni reciben compensación.
Lo anterior es, esencialmente, explotación masiva de trabajo creativo. Esto plantea una situación paradójica porque, los músicos crearon el arte que entrena a los sistemas que termina compitiendo contra ellos.
La Recording Academy ha sido clara en su postura: solo la música creada por humanos puede nominarse a premios Grammy. Su argumento es que los premios celebran creatividad humana, algo que los algoritmos fundamentalmente no poseen.
A pesar de que el problema más grande es el entrenamiento, el impacto económico es la preocupación más inmediata. Un estudio económico global de CISAC muestra que los creadores humanos enfrentan riesgo futuro significativo por IA generativa. Músicos de sesión, compositores para medios, productores de música de stock, todos estos roles están siendo automatizados.
Si bien cada revolución tecnológica genera nuevas oportunidades laborales, en la industria musical la irrupción de la IA despierta una inquietud distinta: la posible dilución de la creatividad humana. Esto viene de la mano con el argumento de autenticidad. La música ha sido históricamente una expresión de experiencia humana. Un artista escribe sobre desamor porque lo vivió, sobre injusticia porque la experimentó. ¿Qué significa cuando un algoritmo genera una canción “triste” sin haber experimentado tristeza?
Músicos están organizándose y luchando legalmente contra el uso no autorizado de su trabajo para entrenar IA. No se oponen a la tecnología per se, sino a cómo está siendo implementada sin consentimiento, compensación o incluso transparencia sobre qué obras fueron usadas en el entrenamiento.

La respuesta de la industria: Plataformas, sellos y regulación
El debate que hemos presentado es también una muestra (y consecuencia) de los desafíos que la inteligencia artificial ha representado para la música. Por parte de las plataformas y sellos discográficos no ha sido diferente, pues encontramos una mezcla de adaptación, resistencia y confusión sobre cómo proceder.
Cuando a finales de junio se viralizó la situación con The Velvet Sundown por parte de Spotify solo hubo silencio. Además, la polémica puso el foco en la carencia de etiquetado obligatorio de contenido generado por IA en las plataformas de Streaming. Meses después, la empresa actualizó sus políticas para permitir la distribución de música con IA siempre que se declare su origen, comprometiéndose a incorporar sistemas de detección y etiquetado progresivo.
En contraste, otras plataformas como Deezer a raíz de esto empezaron a etiquetar explícitamente las canciones y álbumes que incluyen contenido generado por IA y a retirar (según su comunicación pública) el contenido totalmente sintético de recomendaciones y listas editoriales.
Por otra parte, los sellos discográficos han evolucionado en su postura hacia la IA. Universal Music Group apoyó públicamente en 2024 una legislación conocida como el “NO AI FRAUD ACT” que protegería voces e imágenes de artistas contra réplicas no autorizadas. Sin embargo, en julio de 2025 anunció una asociación con LiquidAx Capital para acelerar el desarrollo de patentes de tecnología basada en inteligencia artificial, sugiriendo un cambio estratégico que pasó de resistir la tecnología a intentar controlarla.
La industria también está desarrollando tecnología de detección y rastreo para identificar música generada por IA y potencialmente crear sistemas de licenciamiento. Esto sugiere una aceptación pragmática de que la IA no desaparecerá, pero necesita regulación.
Tensiones sin resolver sobre la inteligencia artificial en la música
Este debate revela tensiones más profundas que la industria musical tendrá que navegar en los próximos años. No se trata simplemente de permitir o prohibir la IA, sino de redefinir conceptos fundamentales sobre autoría, creatividad y valor en el arte.
Los músicos que se oponen a la IA tienen razón en señalar que sus obras fueron usadas sin consentimiento para entrenar sistemas que ahora compiten contra ellos. Esto es éticamente problemático dejando de lado las consideraciones legales.
Los defensores de la IA también tienen razón al notar que muchas innovaciones tecnológicas en la música fueron inicialmente resistidas pero eventualmente enriquecieron el medio.
The Velvet Sundown seguirá generando música. Spotify seguirá intentando balancear innovación con protección de artistas. Los sellos discográficos seguirán jugando de ambos lados y los músicos seguirán preguntándose si habrá espacio para ellos en un futuro donde los algoritmos pueden producir infinitas variaciones de cualquier género a costos significativamente bajos.
El debate sobre la inteligencia artificial en la música seguirá evolucionando al mismo ritmo que la tecnología. Por ahora, no existe una respuesta definitiva ni un consenso claro, pero sí una certeza: la relación entre creatividad humana y los avances tecnológicos están redefiniendo los límites y las maneras en las que creamos música u otras expresiones artísticas.
En este orden de ideas, lo que ocurra en la industria musical en los próximos años (si no es que meses) determinará el marco ético, legal y cultural con el que todas las industrias creativas deberán convivir.

